Playlist de una marcha

09/06/2021


11:14 a.m.

Parce: Es normal que sienta ira.

Si… eso me digo todas las veces que abro mis redes sociales y empiezo a ver todo lo que se estampa contra mi Inicio. Cada vez que entro a esa cascada incesante de desprecio tengo una razón más para agriarme el día; desde los videos que muestran a la policía cascando manifestantes hasta las publicaciones fachitas que celebran la infeliz respuesta armada del estado colombiano. ¡No se imagina lo que me jode ver esa fuerza tan salvaje aplicada a personas en su mayoría desarmadas!

Sumercé sabe que soy muy sensible al tema, por lo que entenderá porqué no puedo evitar que la rabia me baje de la cabeza y encienda mis tripas. Por eso no puedo quedarme en casa: ¡que mis papás se queden guardados que yo voy a salir a la calle! Pero antes tengo que poner a cargar mi celular, buscar un tapabocas, un par de audífonos y ya estaré a tono con la velada que me espera camino a la Plaza de Bolívar.

Encontrémonos por ahí y sigamos charlando. Mientras tanto, escúchese este tema para amenizar la jornada:

12:45 p.m.

¡Ahh, no se preocupe! Si está agripado no hay nada que hacer. Cuídese mucho y siga cuidando a su familia. Más bien, si quiere, le voy contando cómo va transcurriendo mi día.


12:48 p.m.

Vea que salí de mi casa hace bastante tiempo y he tenido que caminar un muy buen rato. Pero eso para nada ha sido un problema; más bien diría que el trayecto hasta la estación de Transmilenio me ha permitido tener el tiempo para pensar en todo lo que está pasando.

Es evidente que el pueblo esta emberracado. Toda esta situación es alimentada por el mal sabor de boca que dejan las decisiones de un gobierno desconectado de su pueblo y la airada reacción de sus fuerzas para “restablecer” el orden público. Es este gustillo maluco el que hace que a muchas personas les sea difícil tragar esta situación yquedarse en su casa sin hacer nada. ¡Es una realidad angustiante que ha movido la indignación!

Es por eso que creo que el coraje ha encontrado muchas formas para hacerse sentir durante estas semanas de manifestaciones. Las decenas de estaciones de policía quemadas, los cacerolazos nocturnos y las protestas entre los barrios y las grandes avenidas son algunas fugas de una emocionalidad desgastada por el abuso. Una emocionalidad que se acompaña de tonadas que condensan el calor del resentimiento en himnos independientes y callejeros.

1:36 p.m.

Y vea que es gracias a esa emocionalidad que suceden las cosas. En particular, gracias a la rabia, es que muchas personas se han lanzado a la acción y han apoyado la presión que ha generado los últimos cambios que se han dado. La rabia es el fuego en nuestro pecho-caldera que dirije a la gente a los puntos de concentración y hace que su vapor endiablado les erice la piel y encienda sus pies. Por eso creo que a muchas personas no nos molesta que el B23 no haya llegado a la Nacional, que nos hiciera caminar más de 2 km hasta allá y que este sol cancerígeno abrase el asfalto de Bogotá.

Ya hay suficiente ardor entre nuestras costillas como para distraernos por el quemón de nuestro cuero o por el cansancio de nuestros pies.

Y claramente no podemos hablar de esta combustión sin el carburante que la alimenta: la música. Esta juvenil chispa hace que todas las molestias sean poca cosa y anima los parchecitos preparados para la marcha. La música hace que la gente se levante de sus culos acalambrados, prepare sus pancartas, saque sus instrumentos y aclaren sus gargantas. Así mismo, la música redirige la energía de la ignición social hacia afuera; destapa las venas atascadas con malestar y acompaña los ánimos de quienes se encuentran exaltados.

3:57 a.m.

¡Créame, parce! La música hace maravillas con su presencia. Gracias a ella, las arengas convierten la desazón en una expresión clara y pegajosa de inconformismo. También visibiliza las diferentes voces que participan en una protesta, distinguiendo las arengas estudiantiles de las proclamas sindicales y los canticos de la Guardia Indígena. Eso sin contar que genera un sentimiento de unidad e identidad entre la gente que une sus gritos por una causa.

7:29 p.m.

Pero sabe… El efecto más importante de la música está en el impacto que esta tiene sobre nuestras emociones.

Durante las horas que he estado caminando lo pude presenciar tres veces. La primera vez lo vi cuando apenas acabábamos de salir de La Nacho. El miedo, vestido de desconfianza, se hizo evidente cuando alguien saco una guitarra y empezó a cantar el “Blus de Los Tombos”. Un coro de cientos de personas dio alcance a la voz de La Muchacha y dio potencia al vainazo para los mortificados policías que perseguían la marcha.

La segunda vez fue un giro temprano en las emociones de quienes marchaban. A la altura de la Carrera 30 con Calle 26, la sorpresa aligero las tensiones del anterior recelo cuando se nos unieron las chivas del CRIC. El claxon de esos buses sobresalto a quienes estábamos absortos en las arengas y así nuestro temor se fue disipando entre las consignas e himnos de las caravanas indígenas. El coraje en las palabras de estas comunidades aplaco el nerviosismo con el que había comenzado la caminada y rompió el miedo con el que había comenzado la marcha.

Y la tercera vez sucedió cuando, sobre la Plaza de Bolívar y entrada la noche, la tristeza embargo a una gran parte de quienes nos manifestábamos. Sobre las escalinatas frente a la Catedral Primada, la voz de una mujer empezó a cortar el frio capitalino con un filo desgarrador; la brisa melancólica del Pacifico llevada por un saxofón metió “Ay porque será” hasta la espina de quienes pudimos escucharla. Una melodía que logro acallar por un momento a la pequeña multitud que atrajo tan afligido cantar.

8:21 p.m.

Parce… pero debo decirle que esa tristeza no duro mucho. Acabo de experimentar el cuarto impacto de la música sobre las emociones al ver como la rabia colectiva se encarnó en uno de los temas más poderosos de Non Servium. Acabado el pregón musical de los litorales encevicha’os, las provocaciones por parte de los capuchos y el Esmad no se hicieron esperar. Fue solo que los rojos le dedicaran (o sentenciaran) “Sangre por Sangre” al Esmad para que la primera bomba de humo le rozara la calva a uno de los skinheads. Eso provocó la lluvia cruzada de piedras, encendió las llamas de las molotov y los disparos de goma y recalzadas.

Muchas personas emprendieron vuelo en cuanto las aturdidoras empezaron a estallar, pero yo no pude evitar quedarme a ver un poco más. Me retenía el resentimiento que reviví al recordar los videos de gavillas de agentes que acribillaban a los muchachos contra las puertas de las casas. Los gases y explosiones solo hacían que me hirviera la sangre, y perpetuaba en mi cabeza un estribillo en bucle:

Por nuestros compañeros,

que no regresaran.

Hagámoslo por ellos.

Hemos de reaccionar.

Fue en ese momento cuando me vi agarrando una piedra con las manos. En la vida había participado de una pedrea, pero la ira me había nublado lo suficiente como para hacerme avanzar inconscientemente hacia la línea de tiro. Fue solo hasta que un puñado de perdigones de goma me impactó en el pecho que volví en mí; tumbado sobre el suelo, con una piedra sin arrojar y el cuerpo adolorido, regrese a la realidad y me di cuenta de lo que estaba a punto de hacer.

El dolor me hizo reaccionar y darme cuenta que ya estaba en medio del conflicto. Lo bueno (y es por eso que le estoy contando este cuento) es que no tuve que esperar mucho para que se levantara una cortina de gas lacrimógeno. En ese momento aproveche la confusión entre el humo, los madrazos y las órdenes por radio para correr como alma que lleva el diablo por la Calle 10 hasta llegar a la Calle del Fantasma, unas 6 calles hacia los cerros orientales.

Nadie me persiguió, así que ahora estoy descansando tranquilo contra las paredes de la Universidad de La Salle.

8:26 p.m.

Mientras espero a que pase algún taxi para escapar por la Circunvalar, le estoy escribiendo desde una inesperada atalaya urbana sobre la oscurecida sabana de Bogotá. Debo decir que me deje llevar por un rio de emociones que me arrastro a lo largo de todo el día. Desde que salí de casa y me puse un par de audífonos, estuve atizando la pira de indignación que habita entre mis costillas; una llamarada que creó el breve estado de furia que me llevo a tomar una piedra. Alimente mis emociones con la música que encontraba más apropiada y solo hasta estar completamente agotado y con el torso acalambrado fue que detuve esa frenética navegación.

Aunque reconozco que estuve dominado por ese vaivén pasional, no lo considero del todo negativo. Gracias a esta experiencia, creo haber entendido la relación entre la música, las emociones y la protesta social a través de la experiencia de mi propio cuerpo. Sufrí la ira que provocan algunas imágenes y no solo la acepte gustoso, sino que la estimule con las declaraciones enojosas de diferentes artistas. Sus ritmos representaban mis respuestas emocionales y así mismo sentía que me representaban como persona y como ciudadano, sobre todo cuando empecé a marchar.

Así comprendí que, al igual que el Coronavirus, ciertas emociones pueden contagiarse a gran escala y la música es el medio perfecto para transmitirlas con facilidad. También comprendí que no porque las emociones “negativas” sean las que más prosperen tenga que rechazarlas. Todo lo contrario: Aceptar como la selección de lo que consumimos en redes apela a lo visceral de nuestras creencias es el mejor comienzo para identificar y clarificar sentimientos. Saber que se siente un miedo, tristeza o ira particular es un comienzo para aclarar las acciones que debo llevar a cabo para aliviar estos malestares.

Y la cosa es que no puede olvidarse que esas emociones son compartidas por otras personas de muy diversas formas, pero eso es algo que debo masticar un poco más de tiempo. Aún debo procesar lo que hoy paso dentro de mí, porque sé que pensar sobre lo que puede pasar en otras personas va necesitar de más energía y tiempo. De momento, seguiré estirando la mano a ver si algún carro puede recogerme.

Le dejo este último tema para cerrar esta jornada de marchas tan agitada:

8:24 p.m.

Y oiga… ¡Gracias por acompañarme! Sé que era imposible que estuviera presente en esta historia, pero a través de sus mensajes me sentí cuidado. No sabe lo importante que fue para mí el no sentir que estaba haciendo este recorrido solo. En serio se lo agradezco.

Le escribiré apenas llegue a la casa.

De momento lo dejo. Un abrazo, parce. ***


*** Ahí les dejo la playlist de este artículo para que puedan escuchar las canciones en Spotify. Una pequeña advertencia: La canción “Ay porque será” no se encuentra en la aplicación, por lo que la lista en Spotify esta incompleta. ¡Lo siento! Igual les recomiendo mucho la canción 😉

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