Reflexiones de imagen

Por Cynthia Dayanne Pineda Montes

La imagen es un eco, un fantasma que se cierne sobre todo lo humano y se materializa a través de un cumulo influenciado por todos los diminutos fenómenos que dan cabida a su nacimiento. Toda comprensión que el sujeto tenga en su desarrollo personal, su moral cultural, sus preceptos religiosos, su ideal estético, la presión política del momento, sus raíces familiares, etc. van esculpiendo el universo de la imagen tal como es. Así mismo, este cosmos puede ser modificado a nuestro antojo, controlándolo cual tiranos, agregando o cercenando horizontes, convergiendo ideales afines o contrarios, e incluso trastocando sus propios fundamentos hasta convertirlo en algo irreconocible.

Desde que se tiene recuento de historia de la humanidad, todas las culturas y civilizaciones conocidas han rebosado de imágenes. ¿Por qué se da este fenómeno? La respuesta más lógica podría ser que, al carecer de un alfabeto cifrado para un lenguaje particular, las imágenes se caracterizan como elementos universales. Una roca siempre sería una roca y en su representación, y si no se aleja de lo convencional, será percibida como una roca. Es esta codificación lo que le infiere una superioridad a la imagen sobre cualquier otro tipo información. Por supuesto hay excepciones: La representación de un animal que es único en una región no será percibida de igual manera por alguien que en su vida haya visto dicha criatura. En este caso, el fenómeno se reconocería como una presentación, ya que está supeditada a un conocimiento previo al cual hay que tener alcance para aprehenderlo.

Sin embargo, en la era tecnológica, donde la información puede viajar de un extremo del mundo al otro, los cúmulos a los cuales podemos acceder y que nos pertenecen se ven ampliamente enriquecidos. Gracias a esto, las imágenes más abundantes son aquellas que nos presentan otros horizontes mientras que mantenemos las representaciones ligadas al ámbito privado. Estas representaciones se mantienen en lo más profundo de la psique y surgen cuando se necesita un referente de algo aprehendido, eso para posteriormente ser modificadas como un ejercicio de inserción en la realidad que aquella imagen delimita.

De ahí que el ser humano denote una facilidad intrínseca para crear imágenes. Desde muy temprano en la infancia, aun cuando no sabe escribir, se demuestra una necesidad natural de enunciar aquello que se conoce. Empezando con dibujos de manchas, luego objetos, pasando por personas hasta que finamente elucubra escenarios naturalistas. Estas imágenes están muy relacionadas con el mundo que le rodea[1]; estratifican y presentan lo que es más importante para ese sujeto y lo que se demanda de estos, poseyendo una conexión profundamente intima con el mundo al que pertenece y el mundo que le pertenece.

Estos dibujos infantiles no son una representación ni una invocación: son el mundo que el infante conoce. Se podría decir que es la primera alfabetización del ser humano[2], una alfabetización que convierte a la imagen en información categórica que evoca e invoca aquello que percibe y desea percibir a través de las imágenes que crea. Estas así mismo, se pueden volver una brújula que delimita y guía a su creador.

Anexado a esto, la concepción tradicional de la imagen se asocia con la mirada. Es un elemento atravesado por todos los sentidos; los olores, los ruidos y el tacto también generan imágenes y están relacionadas a las representaciones.

Al ser afines a vivencias propias, las imágenes se pueden considerar de percepción plena, ya que alcanzar la realización de una imagen presentada es considerado uno de los mayores logros en la actualidad. Si bien, la persona promedio no tiene tanta relación con la producción de imágenes más allá de la etapa infantil, sí tiene una amplia relación con su consumo. Las diferentes redes sociales creadas exclusivamente para su difusión y adquisición demuestran que hay un gusto específico y claro respecto a lo que se produce y consume, generando tendencias culturales e incluso globales, teniendo así, un precepto de imagen de la cual toda persona es propietario, jurado y verdugo.

Aquí es donde podemos hacer uso del pensamiento crítico, el cual evalúa, analiza y percibe los pequeños detalles, esgrimiendo todo el imaginario acumulado a lo largo de la vida y que, basándose en las experiencias deseadas, crea una biblioteca de imágenes que generan un mundo donde el sujeto puede incidir, asociado al gusto especifico y claro que lo acaece. Entonces, se podría inferir que el poder experimentar en carne propia aquella imagen que se está construyendo es el fin que por fin incide en el mundo perceptible, sacando así a la imagen de su eco y volviéndola un mundo realizado. Un mundo que se mantiene en el tiempo y genera sus propias imágenes, convirtiéndolas en un eco, un nuevo fantasma que se cierne sobre todo lo humano.


[1]Divulgación dinámica, theeducation club. El dibujo infantil características y etapas, ­[revisado el 2 de febrero de 2021]Recuperado de: https://www.divulgaciondinamica.es/blog/el-dibujo-infantil-caracteristicas-y-etapas

[2]Laura Estremera, las etapas para el dibujo infantil. Educapeques, [revisado el 2 de febrero de 2021] Recuperado de: https://www.educapeques.com/escuela-de-padres/etapas-del-dibujo-infantil.html

Sobre la autora
Cynthia Dayanne Pineda Montes

Estudiante de artes de la Universidad Nacional, interesada en la historia del arte; cuyo trabajo destaca en la escultura y la exaltación de la técnica manual y generacional.

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