Una pasión en común, el origen de MAGOLITA films

La colaboración y la consciencia sobre memoria, identidad y territorio dieron vida a este proyecto de producción audiovisual arraigado en el “país periférico”.

Por Cristian Hidalgo

Conocí a Robert Brand en el 2015, en el primer semestre en la Escuela de Cine de la Universidad Nacional. Mi curiosidad me llevó a preguntarle en la primera clase de dónde venía, y ante su respuesta, me sentí identificado y hermanado a la vez. Al igual que yo, venía del sur de Colombia y estaba en Bogotá para cumplir un sueño, uno de tantos sueños. Desde ese momento trabajamos juntos y compartimos una misma pasión, el cine, la literatura y contar historias. Y ese es tal vez el origen de MAGOLITA Films, un sueño conjunto hecho a pasos cortitos en el que hemos aprendido en un proceso continuo donde convergen intereses en común. Un proceso creativo, colectivo y colaborativo donde es imprescindible la escritura como una materia creativa así como la reflexión y creación desde la imagen.

En relación a la escritura como oficio y como pasión me gustaría citar a Mario Vargas Llosa, quién escribe en Cartas a un joven novelista (1997):

 “El escritor siente íntimamente que escribir es lo mejor que le ha pasado y puede pasarle, pues escribir significa para él la mejor manera posible de vivir, con prescindencia de las consecuencias sociales, políticas o económicas que puede lograr mediante lo que escribe.”

Considero que esta reflexión puede extenderse a cualquier oficio o trabajo humano. Cuando, lo que nos lleva a trabajar por largas jornadas sin medir el tiempo  y los años enteros que dedicamos  a un proyecto, sin reconocerlo, se convierte en nuestra pasión por “la  relación íntima” entre nuestra vida cotidiana y el oficio al que nos dedicamos sin las consideraciones económicas o sociales.  En nuestro caso, éramos unos espectadores compulsivos y el cine así como contar historias es nuestra pasión compartida.

En aquellos primero años, íbamos a Cine Colombia de Avenida Chile, a Cine Tonalá, a la Cinemateca Distrital cuando la Cinemateca aún quedaba en el centro sobre la séptima. Descubrimos películas maravillosas como El Club de Pablo Larraín, El hijo de Saúl de László Nemes, Marie Heurtin  de Jean-Pierre Améris, Mandarinas de Zaza Urushadze, Viejo Calavera de Kiro Russo, Tempestad de Tatiana Huezo, entre muchas otras películas contemporáneas (una larga lista) que se convirtieron en referentes y sobre las que aún volvemos. Terminada la proyección permanecíamos a veces en silencio hasta tomar un café, alguno de los dos soltaba una frase o una sensación y de ahí en adelante podíamos hablar por horas, (más allá de ver cine con ánimos de “críticos”) era un diálogo apasionado y emocional de lo que habíamos terminando de ver, y en ocasiones, esas charlas se extendían a semanas.

La Casa Grande

Si pudiese hablar de una génesis en retrospectiva de cómo llegamos hasta aquí, diría que no sólo disfrutábamos de las películas que estaban en cartelera,  sino, que en el trascurso del tiempo llegamos a otros formatos, a la series y sobre todo los cortometrajes (que hablar del cortometraje en nuestro contexto, es todo un tema) y hubo dos hechos, que considero que fueron imprescindibles también en nuestro proceso de formación. Por una parte compartimos clase con el maestro Fernando Ramírez durante más de una año, y su pasión por el cine es contagiosa; estudiamos con él, el realismo poético francés, el neorrealismo italiano, la nueva ola francesa, el nuevo cine alemán, el cine latinoamericano y el cine de  Pedro Almodóvar. “Su mirada” sobre el cine y su manera de enseñar la historia del cine son cosas que se graban en la memoria y el corazón.

Un año después, el 10 de octubre de 2016 realizamos, como un proyecto conjunto con mi amigo Jeisson Méndez, la primera proyección de un cine-foro en la Biblioteca Central de la Universidad Nacional, que se mantuvo por más de un año. En este espacio proyectábamos películas colombianas y en varias ocasiones tuvimos varios invitados como Patricia Ayala, Juan Manuel Echavarría, Pablo Mejía Trujillo y Alejandro Naranjo. Hicimos la curaduría guiados siempre por un cuestionamiento: ¿Cómo se había representado la violencia en nuestro cine? En un contexto como el nuestro, en un país divido no sólo por su geografía y que está atravesado por una Violencia que se ha transformado con las décadas, que ha mutado obedeciendo a una lógicas que en muchas ocasiones son incompresibles y que nos superan, además de venir de un “Sur” tan desligado del gobierno central,  era inevitable el cuestionamiento en relación a nuestro oficio.

La proyecciones tenían una asistencia pequeña pero constante (mucho éramos amigos). Nos enfrentábamos a un tema que parecía tan recurrente y a un público que desconoce de la historia de su propio cine, pero hicimos la apuesta y nos mantuvimos firmes. Recuerdo de toda la experiencia que nos brindó el cine-foro, el diálogo, en especial,  con Ricardo Reyes, uno de los protagonistas de Un asunto de Tierras, un documental de Patricia Ayala. Ricardo Reyes como toda su comunidad de Las Palmas de Montes de María fueron desplazados desde 1993 y viven aún en Bogotá y se enfrentaron a una ley de restitución de tierras que es ineficiente. Así la tierra y el territorio se ha convertido en un teman fundamental de investigación y reflexión en mi propio quehacer. En la complejidad de entender “las representaciones” que nuestro cine ha hecho de la violencia pudimos tener un diálogo muy diverso y rico, una mirada más ampliada de las complejidades en las que se haya nuestro territorio. Nos trasladamos a la memoria, de la memoria a las comunidades y de las comunidades a las identidades, siempre encontrándonos con personajes y temas en constantes tensiones.

Han sido distintos espacios y distintos procesos en nuestra formación, a la par del cine-foro, del ir-al-cine, de los libros, las charlas y el café, y la amistad; transformados en una relación- profesional/emocional –base de todo. Cada uno comenzó a hacer su propia experiencia, consecuencia de una búsqueda personal, focalizando unos temas, unos referentes y un lenguaje en particular. Así, los temas que siempre discutíamos con las películas a las que asistíamos y los foros entre los realizadores en contraste con las de sus protagonistas, mediados por el dialogo activo de los espectadores; dejaron de ser “temas” para convertirse en intereses personales que se vinculaban a nuestra propia vida y a los territorios donde nacimos y donde queremos retornar a desarrollar y crear proyectos audiovisuales en una práctica que descentralice el mismo pensamiento y quehacer audiovisual.

 Volviendo a Vargas Llosa, dice en un ensayo al final de La verdad de las Mentiras (1990) “El vínculo fraterno que la literatura establece entre los seres humanos, obligándolos a dialogar y haciéndolos conscientes de un fondo común, de formar parte de un mismo linaje espiritual, trasciende las barreras del tiempo. La literatura nos retrocede al pasado y nos hermana con quienes, en épocas idas, fraguaron, gozaron y soñaron con esos textos que nos legaron y que, ahora, nos hacen gozar y soñar también a nosotros. Ese sentimiento de pertenencia a la colectividad humana a través del tiempo y el espacio es el más alto logro de la cultura y nada contribuye tanto a renovarlo en cada generación como la literatura.” – reflexión que puede extenderse a todas las artes.

            Y eso es MAGOLITA Films finalmente, la suma de muchas experiencias y una pasión compartida. Se consolida en noviembre de 2020, como un proyecto conjunto de creación y producción audiovisual, que es resultado de todas estas anécdotas, de unos intereses, unas reflexiones y sobre todo una pasión conjunta. Es consecuencia también de compartir un territorio, al que Robert llama el “país periférico”. Venimos de un sur que ha sido golpeado por distintas formas de violencia que se han transformado con el tiempo y que atraviesan el territorio y la memoria. A partir no solo de estas reflexiones, sino de haberlas vivido, es donde nos situamos para plantearnos relatos con una mirada singular, que, en el uso del lenguaje cinematográfico, puedan desplegarse reflexiones y experiencias (visuales y sonoras) para futuros espectadores en “ese sentimiento de pertenencia a la colectividad humana” porque la pregunta finalmente es para qué y para quienes hacemos cine.

            Hemos identificado tres importantes líneas en nuestro trabajo: la identidad, el territorio y la memoria; atravesadas por la violencia o por micro-violencias materializadas en propuestas arriesgas y con un enfoque autoral. MAGOLA, nombre de la madre de Robert, es una mujer negra, que se convierte en un personaje que representa cada una de las líneas de trabajo y cuyo diseño estuvo a cargo de Cristian Concha. Actualmente desarrollamos y trabajamos en El Olvido (cortometraje de ficción) y Viaje Al Corazón De Un Silencio (proyecto documental) bajo el guion y la dirección de Robert Brand y La Casa Grande (proyecto documental) y El Paisaje Sobre El Mapa (proyecto multimodal) bajo el guion y dirección de Cristian Hidalgo.

A la par nos interesa poder difundir (que en los esquemas del cine se lo denomina “Distribución”) otros proyectos de realizadores relacionados con nuestras líneas de trabajo que enriquezcan y diversifiquen las miradas y que se puedan construir espacios para el diálogo, así como para crear futuras redes de trabajo colaborativo. En este enfoque de “distribución”, durante este año estaremos difundiendo Manacillo un cortometraje documental experimental bajo el guion y la dirección de Nicolás Garcés, todos ellos proyectos de los que estaremos hablando más detalladamente aquí en Alterciclo.  

Sobre el autor
Cristian Hidalgo

Nacido en Pasto (Nariño, Colombia), el 6 de agosto de 1996; estudiante del pregrado en Artes Plásticas  y Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, interesado en la fotografía, la escultura y la instalación;  ha dirigido y producido diferentes cortometrajes, es coordinador del Cine Foro: Representaciones de la violencia en el cine Colombiano, colaborador en la revista digital Discurso Audiovisual, fue seleccionado en el 9no Festival de Cine Corto de Popayán en la convocatoria de guion “Del dicho al hecho” con el guion “Las Migraciones” y en el 15 Bogoshorts  en la categoría “En Obra” con el mismo guion, productor del  cortometraje documental “Días Circuídos” ganador en el 13 Festival Internacional de Cine de Pasto, productor del cortometraje “Susurros del vientre”, seleccionado a Pitch Público en el FICME Académico 2017 y actualmente se encuentra en la producción de su proyecto documental “La Casa Grande” y el cortometraje documental “Seres”.

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