Museología y tecnología en América Latina

La relación que tiene el territorio latinoamericano con los usos de la tecnología presenta una crisis en las instituciones museales.

Por Paula Andrea Duran Jaramillo.

“La relación entre arte y tecnología en América Latina no puede plantearse sino en términos políticos. Cualquier propuesta de este tipo producida en los países de la región lleva implícita las tensiones entre el paradigma occidental forjado al calor de la expansión tecnológica y la ineludible realidad de las economías y culturas locales, derivativas y marginadas”.

(Alonso, 2015)

En un artículo del periódico “El Comercio” Diego Ortiz, autor del artículo “La tecnología reta al museo”, menciona algunas propuestas expositivas que hacen uso directo de la tecnología como una nueva estrategia de interacción con los acervos museográficos y presentan nuevas experiencias al visitante; por un lado Google Arts and Culture propone una forma de realizar recorridos por diferentes museos y piezas de sus colecciones con una visualización de alta definición, y por otro lado “Van Gogh Alive: The experience” en la que las obras del mítico pintor pueden ser apreciadas en gran formato a través de proyecciones digitales. (Ortiz, 2019)

En este mismo artículo y con estos ejemplos, el autor no hace más sino ilustrar el fracaso de la visión museográfica del Louvre en la exhibición de “La Gioconda”. Las hordas de personas que la visitan diariamente se encuentran con un sinfín de obstáculos hasta llegar al cuadro que descansa tras de una vitrina y un cerco de cintas para separar al público, pero la pista de obstáculos no termina allí, aún hay que atravesar la inmensidad de cámaras que se desbordan entre la entrada y el pequeño cuadro. La masiva interacción a la que nos enfrentamos al llegar a esta sala asienta un nuevo abordaje de lo museológico, la mirada productora de imágenes, un nuevo espectador que ha empezado a configurarse desde la masificación de la tecnología.

En sus inicios la fotografía marcó un nuevo paradigma en la relación que se establece con la mirada y las imágenes y, en consecuencia, con la mirada museográfica (Morales, 2017). La posibilidad de capturar imágenes perdurables en el tiempo condujo a una cuestión de verosimilitud, el ojo fotográfico volcaba su fe en una imagen que le mostraba cual era la realidad que esperaba ver. En palabras de Alfred Stieglitz, parafraseado por Fontcuberta: “La función de la fotografía no consiste en ofrecer placer estético sino en proporcionar verdades visuales sobre el mundo” (Fontcuberta, 1998 pg 8). Las infinitas capturas diarias que sufre “La Gioconda” develan un nuevo espectador que participa (en este caso, de manera inconsciente) en la producción del sentido que deviene la obra en sí.

Estas relaciones que se establecen entre el espectador y el contenido de un museo encuentran resonancia en las propuestas museográficas de Wlliam Bullock quien consideró la posibilidad de una interacción que permitiera la interpretación y ampliara el interés por el museo a un público no erudito. Ya para el siglo XIX, Bullock había propuesto una museología del espectáculo, con el ánimo de producir una síntesis entre placer y conocimiento (Morales, 2019). Junto a Wilson Peale fue pionero en la teatralización del contenido de un museo para entretener y diversificar la experiencia de la visita.

Con la fotografía se inaugura una nueva mirada que estará profundamente ligada al desarrollo de múltiples tecnologías, pues su instrumentalización en el ámbito museológico se convierte en una posibilidad de acercar al público a una nueva visión de realidad: clara muestra de ello son los nuevos soportes como las pantallas para proyección de video, las visitas guiadas sonoras, la difusión de programación en web e incluso la realidad aumentada. Un buen ejemplo de ello es la tecnología de punta de la que se vale “Van Gogh Alive: The Experience”, para trastocar la relación que el espectador tiene con las obras de una colección.

EFE, 2019. Tomado del artículo “La tecnología reta el museo” por Diego Ortiz en El Comercio. Quito, Ecuador.

En este punto comienzo a preguntarme por las soluciones que podría ofrecer la tecnología a una experiencia tan abrumadora como una visita a “La Gioconda” en el Louvre. Sin duda alguna “Vang Gogh Alive” pone en tela de juicio la museografía tradicional y de conservación. En este contexto ¿sigue siendo “La Mona Lisa” una parada obligada para los turistas? La respuesta indudablemente radica en la fetichización que sigue perviviendo en el objeto museado. Esta dinámica propia del museo tiene su raíz en la espectacularización de los objetos de la cultura. Parafraseando a Fernando Estévez en el artículo “Fetichismos, fantasmagorías, desecho y lo dado a ver en el museo”, la fetichización nace de la subversión de la relación sujeto-objeto en cuanto composición ilusoria de un valor de entendimiento del mundo según el museo, la cual otorga un valor cultural-sagrado a la mercancía y la excluye de sistema de circulación.

2016.  Tomado del artículo: “Van Gogh Alive” comenzó su temporada en Bogotá de Libros y Letras

 La visita a un museo entra entonces en esta lógica espectacular, que es en sí un relato ilusorio de la sacralidad del objeto. Si bien “Van Gogh Alive” presenta una mirada distinta sobre las piezas de colección, su experiencia alude también al campo espectacular/ilusorio que genera la tecnología de punta. Esta condición encontrará una fuerte crítica en el pensamiento de Vilem Flusser quien propone una “Filosofía de la caja negra” en la que su planteamiento central será la crítica a las producciones artísticas que devienen operaciones meramente funcionales con la tecnología,

“En un primer acercamiento, Flusser advierte, por lo tanto, sobre los peligros de una actuación exclusivamente externa a la caja negra. En la era de la automatización, el artista, no pudiendo inventar él mismo la máquina que necesita, o de programarla, o desprogramarla, queda reducido a un simple operador de aparatos, o sea, un funcionario del sistema productivo que no hace más, sino cumplir posibilidades ya previstas en el programa, sin poder mientras tanto instaurar nuevas categorías”.

(Flusser en Machado, 2007, pg 94)

A grandes rasgos Flusser describe una determinada manera de asumir el analfabetismo tecnológico (más allá del simple desconocimiento de la técnica y uso de la máquina) como una forma de desdibujar la voluntad del artista, negando la posibilidad de la creación en tanto experimentación y traducción de lo sensible. Desde esta postura, entendemos que tanto el espectador que atiende las megainstalaciones lumínicas de los cuadros de Van Gogh, como el turista que atraviesa las multitudes para llegar a La Gioconda se localizan en este aspecto del uso tecnológico; su proceder no es un esfuerzo para desentrañar esta caja negra que se les presenta, es únicamente una contemplación pasiva y un disfrute sensorial.

Ahora bien, situémonos en un contexto. El territorio latinoamericano se caracteriza por la distribución desigual de las tecnologías, la precarización de las pocas que circulan y el analfabetismo tecnológico de casi el 80% de su población. Estas son condiciones que no pueden obviarse en la construcción de una relación museo/tecnología en América Latina y que hacen emerger nuevos criterios para su evaluación. Esto supone dos cuestionamientos fundamentales para este objetivo: ¿Qué tipo de público accede a este tipo de proyectos? Y por otro lado ¿Cuáles son las gramáticas que se construyen desde el pensamiento sobre la tecnología en América Latina?

Rodrigo Alonso, teórico de medios argentino, retoma las posturas de Flusser en su libro “El Elogio a la Low Tech”, en donde reivindica la posición periférica de Latinoamérica y propone una condición propia de este territorio sobre el quehacer tecnológico. Para Alonso esta condición se caracteriza por un regreso constante a las viejas nuevas tecnologías, a las malformaciones de la técnica y el trabajo con los desechos, este que hacer no es solo una forma de producir objetos es también una postura política, una reacción a la monopolización económica de las tecnologías de difusión masiva. (Alonso, 2015)

Esta cuestión abre la puerta a un interrogante por la participación de la tecnología en los modos de hacer museología en Latinoamérica. Si bien, existen múltiples espacios que se preguntan sobre este atributo, las propuestas desarrolladas a menudo asumen las nuevas tecnologías como apoyo para los métodos tradicionales en lugar de proponer reflexiones sobre este medio en sí. La sistematización y la divulgación han sido dos de las áreas que más se han servido de las nuevas tecnologías, sin embargo, tanto las bases de datos como la web y los nuevos medios de divulgación continúan siendo una caja negra en los usos que han adquirido para estas instituciones. Al dar una mirada generalizada a las grandes instituciones museales, cabe afirmar que han establecido nuevamente una brecha de acceso a sus contenidos.

Aun si los espacios museológicos hegemónicos omiten las condiciones propias de sus territorios, existen espacios dedicados a la reflexión sobre estas temáticas, tal es el caso de Plataforma Bogotá o el Centro Multimedia del CENART en Ciudad de México. Estos espacios se caracterizan por dedicarse a la investigación sobre encuentros multidisciplinares abriendo la posibilidad a la participación de un público externo en la construcción de sus modelos de enseñanza y exhibición.

Este texto no pretende ser una respuesta al deber ser de los usos tecnológicos en museos, es más que todo una reiteración de la necesidad de la apertura a la participación de las instituciones museales, esta vez, haciendo hincapié en las malformaciones de los usos tecnológicos en nuestro espacio geográfico. Este es un llamado a entender estas gramáticas como potencia política y estructuradora de discursividades.

Bibliografía

  • Alonso, R. (2015). El elogio a la Low Tech. En R. Alonso, Elogio a la Low Tech (págs. 132-143). Buenos Aires, Argentina: Luna Editores.
  • Fontcuberta, J. (1997). El beso de Judas. Barcelona, España: Ingoprint S.A.
  • Machado, A. (2007). repensando a Flusser y a las imagenes técnicas. En J. L. Ferla, El medio es el diseño audiovisual (págs. 91-100). Manizales, Colombia: Talleres litográficos del centro editorial.
  • Morales, L. G. (2017). El nuevo Egipto Americano. En M. A. Fernandez, Viajeros en el paraiso (pág. 330). Madrid, España: Cordova Plaza S.A.
  • Morales, L. G. (2019). Conocimiento, rito y placer en la Museología. En M. U. Contemporaneo, Museologia crítica: temas selectos. Reflexiones desde la cátedra William Bullock (págs. 16- 39). Ciudad de México: British Council México.
  • Ortiz, D. (24 de Noviembre de 2019). La tecnologia reta al museo. Obtenido de El comercoi: https://www.elcomercio.com/tendencias/tecnologia-museo-digitalizacion-exposiciones-arte.html
  • Roriguez, E. (2017). Plataforma Bogotá: encuentros cercanos con las artes digitales. Bgotá: La Silueta.

Paula Andrea Duran Jaramillo

Maestra en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Su carrera se ha enfocado mayoritariamente en el campo de la gestión cultural en proyectos como el Programa Salón Cano 2015 y el Proyecto Cano 2018. Ha desarrollado proyectos de creación con comunidades con los que ha sido acreedora de reconocimientos académicos y distritales. Actualmente se encuentra admitida a la Maestría en Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia.

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