Lecciones y proyecciones para 2021

Tres caminos para recorrer el 2021 a partir de las experiencias del 2020.

El 2020 ha sido un año trascendental, ha superado las expectativas de los más pesimistas. La incertidumbre sembrada a inicios de las cuarentenas en el mundo ahora está sumada al cansancio. La voluntad, rota; la esperanza, en la caja de pandora; el panorama, distorsionado por la miopía incrementada por el uso de pantallas.

Mi sentimiento, habiendo pasado todo este tiempo distanciado físicamente del mundo más allá de las paredes de mi casa, es que el mundo mismo ha cambiado y ya no me pertenece ni le pertenezco. La desconexión propiciada desde las mismas condiciones impuestas por las dinámicas sindémicas, me han sumido en una inquietud interna crónica. Sin embargo, el aislamiento y el trauma colectivo han dado paso a la reflexión. Los cambios impulsados por los golpes nos hacen madurar y asumir responsabilidades personales, colectivas y ambientales.

A los profesionales emergentes del sector cultural nos espera un largo camino de aprendizaje. Aquí me dispongo a recoger las experiencias y reflexiones de este período en aislamiento para consolidar estrategias el año que entra. No es una lista de propósitos más, es un diagnóstico sobre la vida y las acciones a emprender atendiendo a los rituales festivos de estos días.

Frente al panorama familiar de la precariedad del campo de la cultura, pero distorsionado ante los acontecimientos, lo primero es entrar en contacto con la realidad. Ser capaces de evaluar nuestras condiciones de forma crítica; de lo inmediato a lo global. Reconocer las vulnerabilidades y amenazas mitigables, y las fortalezas y privilegios desde los que podemos proyectar un agenciamiento socialmente responsable.

Atendiendo a las dinámicas vividas en estos tiempos, los flujos de información provenientes de los dispositivos móviles han impactado de forma determinante la cotidianidad, ahora más que nunca. El resultado no sólo pasa por el incremento de las fortunas de las empresas de explotación de Big Data, sino por la captura de la atención. El scroll en redes sociales, las maratones infinitas y los atracones de noticias tal vez hayan sido un paliativo a los síntomas mentales de la incertidumbre.

El reflujo acre de la información coarta el rango de acción del cuerpo en sociedad. La libertad ha sido restringida no por la mordaza biológica de un virus, sino por la seducción del espectáculo de luces de un aparato un poco más grande que la palma de la mano.

El antídoto ha sido anunciado tantas veces que porta disfraz de cliché: mantener la concentración en el momento presente. La tarea es enorme, en especial cuando la distracción deviene en hábito y la voluntad se resquebraja. Sin embargo, es imposible construir nada sin el peso del cuerpo apoyado en el aquí y el ahora.

A penas asido el presente es posible fijar la mirada en la dimensión laboral. Las industrias culturales han cargado con un peso mayor que el de otros sectores económicos. Sumado a esto, la profesionalización del trabajo en la cultural no termina de consolidarse. Más allá de la emisión de títulos universitarios, al sector emergente del arte y la cultura le hacen falta herramientas, conocimientos y apoyos para ejercer sus roles plenamente activos dentro de los contextos que vivimos.

Las tareas pendientes pasan desde aprender a tasar una obra, a cobrar lo justo por un servicio, a argumentar la importancia de nuestras acciones, hasta fundar agremiaciones, exigir legislaciones claras que amparen los derechos de cada agente de la cultura y aprender a sortear los vericuetos burocráticos que garantizan una adecuada participación en la sociedad, la economía y la política de nuestros territorios.

Por lo menos, a corto plazo, es posible empezar por darle valor a nuestros conocimientos y habilidades, y no sólo me refiero a saber para qué servimos, sino incluso cuantificarlos en capital de acuerdo con el sistema en el que habitamos. De igual forma, insisto ahora y siempre en la necesidad de la creación de vínculos, y en construir acciones sobre la confianza propia, con colegas y con demás agentes, ojalá desde la interdisciplinariedad.

Por último, el tercer camino por recorrer es el de seguir cultivando el cuidado de los cuerpos. Por supuesto que no es sólo un llamado al distanciamiento físico y al uso de mascarilla. Es a la atención de la salud corporal, mental, social y ambiental.

Las tensiones provocadas por la coyuntura provocan la fatiga de los entes, comunidades y ecosistemas. Procuremos que cada acción nuestra afecte de forma constructiva a nuestro contexto. Los paradigmas están mutando y es nuestra responsabilidad actuar en este momento para poder participar del modelado de las nuevas circunstancias que nos arropan.

Lo consignado aquí es un proceso constante. Ya he escrito sobre la necesidad perpetua del Kaizen y los procesos de evaluación y mejora permanente. Que el shock de la situación no empañe los esfuerzos de resiliencia. Los mejores deseos para todes en el 2021.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s