La improvisación y el juego

Damos una mirada a estos conceptos, presentes en muchos momentos de la creación artística. Revisaremos las concepciones que se tiene de ellos, y recomendamos un libro al respecto.

Toda manifestación artística tiende a incluir en sus procesos de creación un elemento improvisatorio. Y muchas veces no nos detenemos a considerar todo lo que conlleva el acto de improvisar. De hecho, podríamos decir que la improvisación y el juego (otro concepto muy asociado a la improvisación) son más complejos de lo que parecen. Así que revisar estos conceptos será lo que haremos en este artículo. Y además, lo haremos basándonos en un libro que trata precisamente estos temas: “Free Play” de Stephen Nachmanovitch, violinista e improvisador.

Se asocia al concepto de improvisación todo lo que tiene que ver con la inspiración. Entonces esto lleva a imaginarnos que improvisar (con buen resultado) es algo que no todo el mundo puede hacer, que solo es algo que pocos elegidos pueden hacer, porque existe también el concepto de que la inspiración solo toca a algunos, como un regalo o un don divino. Con respecto a esto también existe una gran cantidad de escepticismo y preferencia por un pensamiento más racional, en el que a la creación artística se le valida por sus procesos racionales, o por su uso de la técnica. 

Se tiende también a restar mérito al concepto de inspiración por ser un concepto que tiene cierta connotación espiritual. El acto mismo de improvisar se asocia y se parece mucho a varias prácticas espirituales que apuntan a estar en el momento presente. Conceptos como el de la musa contribuyen a este imaginario, donde las reglas y técnicas de las prácticas artísticas se desvirtúan en favor de procesos intuitivos. 

En “Free Play”, Stephen Nachmanovitch nos ayuda a aterrizar algunos de estos conceptos. Y justamente en la parte inicial del libro, habla de este tipo de procesos más místicos, por decirlo así. Habla de la improvisación y de cómo acercarnos a ella por medio de la observación de nuestra realidad cotidiana, convirtiendo asuntos como la inspiración y la musa en una cuestión de observar el comportamiento incierto y el azar en el diario vivir. Y además, nos dice que podemos pensar en estas cuestiones cotidianas como herramientas para, de alguna forma, crear nosotros mismos nuestra propia musa, y usarlas como insumo creativo.

También se habla del vehículo, es decir, del propio cuerpo, o la propia individualidad. Esta es una premisa que nos ha acompañado en varias conversaciones sobre la creación artística, y que de hecho en Alterciclo defendemos mucho, y es que toda nuestra creación lleva la marca de nuestro ser individual. Todo lo que hagamos como artistas pasa por nuestro cuerpo antes de llegar a un público. 

Es preciso en este momento hablar de un aspecto muy importante que acompaña al acto de improvisar y que al inicio mencionamos: el juego. Este término también ha adquirido una gran cantidad de connotaciones. Es un término que va muy de la mano con la experimentación y la curiosidad, y también podríamos hablar del juego como actitud para acercarse a la vida y al arte, que, como Nachmanovitch describe, puede ser desde divertida hasta tremendamente solemne. Se hace la importante distinción entre juego y pasatiempo: 

“Juego es el espíritu de exploración en libertad, hacer y ser por puro placer. Una partida o un pasatiempo es una actividad definida por un conjunto de reglas, como el béisbol, el soneto, la sinfonía, la diplomacia.” 

Jugar vendría a ser, entonces, un acto de exploración de una materia prima: la arcilla del escultor, el sonido para el músico, el movimiento para el bailarín, etc.

Una de las connotaciones que se le han dado al concepto de juego es la de ser una actividad que hacemos en nuestra infancia. Esta actividad se relaciona claramente con la actitud de explorar e imaginar ya descrita, y al ser atribuida a esta etapa del desarrollo de una persona, se considera que al momento de crecer, esta capacidad se pierde. Esta creencia también refuerza lo que anteriormente se planteaba, que la improvisación en el arte se tiende a subvalorar por no adoptar las normas estrictas y racionales (por consiguiente, adultas) de las disciplinas artísticas.

El libro de Nachmanovitch se dedica en gran parte a seguir explicando este amplísimo concepto hablando de tópicos indispensables para el quehacer artístico, y por ende, para improvisar. Algunos de estos conceptos son: la práctica, los límites, la paciencia, el crítico interno, y el error, entre muchos otros. Y, en esta explicación de estos conceptos a la luz del juego y la improvisación, el autor sigue refiriéndose a ciertas creencias sobre ellos, para ayudarnos a re-pensarlos en un nuevo contexto.

Por ejemplo, tenemos la costumbre de decir que “la práctica hace al maestro”, para decir que por medio de la práctica, alcanzaremos la perfección. Nachmanovitch nos indica lo problemática que puede ser esta afirmación, en el sentido en que la práctica entonces se entiende como algo que hacemos sólo como preparación de un evento real, como una presentación, por ejemplo. Es decir, esta afirmación convierte al resultado final en lo único válido y real.  Y luego de esto, invita a tomar la práctica como un acto en sí mismo, no como un camino para llegar al arte, sino como un hecho artístico por sí mismo, con el que además, obtendremos y mejoraremos todas las habilidades técnicas que necesitemos.

Y para convertir nuestra rutina de estudio o práctica en un acto de manifestación artística, a la vez que adquirimos cada vez más habilidad, necesitamos paciencia. Y sobre la paciencia, no hay mucho más que decir, sino resaltar la posibilidad de confiar en el tiempo. 

Para ir cerrando el artículo de hoy, en el transcurso del libro, Nachmanovitch hace un constante énfasis en que, la verdad, nunca dejamos de improvisar en nuestra existencia cotidiana. La improvisación no sólo está presente en el arte, sino en la vida. Además, improvisar no quiere decir rechazar las reglas y los principios que la historia del arte ha construido, pues los conocimientos que adquirimos gracias a ellos son incluso necesarios para improvisar. 

Por último sólo queda hacer una invitación a quien nos lee, a experimentar, improvisar, y jugar con la materia prima de su creación artística, e identificar esos momentos en la vida y en el arte en los que constantemente improvisamos.    

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