El jazz en el siglo XXI: un vehículo para la identidad

El arte siempre ha sido una valiosa herramienta de expresión de nuestras ideas y contextos. En nuestro artículo de hoy, hablaremos de cómo el jazz ha permitido este proceso.

Nate Chinen es escritor, y crítico de jazz hace muchos años. El artículo de hoy nace después de la lectura de su libro de 2018 “Playing Changes: Jazz for the New Century”. En este libro, Chinen analiza varios aspectos del jazz en la actualidad que no sólo tienen que ver con lo musical, tiene en cuenta el aspecto social, de formación de públicos, o el pedagógico, por ejemplo. Sin embargo, a la hora de hablar de personajes relevantes, tiene en cuenta aspectos muy particulares de cada uno de ellos, como un background étnico-cultural, cómo fue su formación, y de qué forma se vinculan a una escena y a otros músicos, haciendo notar la importancia de la identidad e individualidad de los músicos, no solo en sus composiciones, sino en todo su rol dentro de la escena actual del jazz. De aquí sale la intención de escribir sobre la identidad, y cómo se puede expresar dentro de un contexto musical con tanta complejidad y posibilidades como el jazz contemporáneo. 

Este tema en particular me resulta interesante por ser una de mis grandes preocupaciones en mi campo profesional: cómo influyen estos factores de contexto en nuestra identidad, y consecuentemente en nuestra creación artística (sin importar la disciplina). De hecho, este fue precisamente el hilo conductor de mi proyecto de grado, y hasta el día de hoy sigue impulsando en gran medida mis proyectos personales. Al realizar este proyecto, llegué a dos planteamientos claves en la investigación, que son totalmente pertinentes a la hora de hablar de cómo el jazz funciona actualmente como un vehículo para la expresión de la identidad. 

En primer lugar, para llegar a considerar cierto artista o movimiento que nos guste mucho o nos genere cierto sentido de identificación como una influencia para crear, tenemos que fijarnos con mucha atención en nuestro contexto. Aquí entran las teorías del sociólogo Pierre Bourdieu sobre cómo se crea el gusto a partir de todos los estímulos que recibimos de nuestro contexto. Y este contexto no solo incluye la música que nos ha acompañado en la vida, sino muchísimos más factores: contexto socioeconómico, familiar, educativo, entre muchos otros. Todos estos factores se unen y se entretejen a lo largo de nuestra vida y como consecuencia de ello es que podemos acceder a distintos tipos de contenido cultural y experimentarlos de manera particular. Por ejemplo, la experiencia del jazz que pueda tener una persona de 17 años que escucha el “Kind of Blue” de Miles Davis por primera vez en una academia musical será muy diferente a la que tiene una persona que ha escuchado jazz desde su nacimiento porque sus padres son músicos o grandes aficionados al jazz. 

Y sobre cómo la música influye en nuestra identidad, es bueno partir del concepto de identidad propuesto por el musicólogo Simon Frith, que dice que esta no se trata de una entidad sólida e inflexible, sino de un proceso. Y hace un especial énfasis en el papel de la música en este proceso, debido a que con ella, podemos tener un sentido de nosotros mismos y de los demás. Además, menciona que la música no es solo un medio de expresión de nuestras ideas, sino de vivirlas. Y, si consideramos la identidad como un proceso, como algo que siempre está en desarrollo, entendemos que en todo momento de nuestra vida estamos en constante receptividad a estímulos que influyan en dicho proceso. 

Volviendo al tema del jazz, Chinen inicia su libro contándonos que en el siglo XXI, el jazz llega a su segundo siglo bajo una serie de circunstancias particulares, como por ejemplo un curso incierto de su historia, y audiencias muy diversas. Sin embargo, los nuevos artistas toman esto como oportunidad para crear arte, aprovechando además el acceso casi sin restricciones a la información, entendiendo el jazz como una amplia red de posibilidades.

Y este es el punto de partida para una exploración de diferentes fenómenos y características del jazz en nuestros tiempos, a través de las historias de exponentes reconocidos, en gran medida. Como ya he dicho, Chinen menciona aspectos muy claves para las vidas de estos personajes, que a su vez fueron determinantes para la música que crearían. Vale la pena hablar de algunos de ellos, y empiezo mencionando al pianista Brad Mehldau, quien en una entrevista telefónica con Chinen manifestaba sus inquietudes sobre cómo acercarse al jazz en su generación.

Brad Mehldau hablaba de que entre sus contemporáneos existía una idea de que había una manera ortodoxa de acercarse al jazz, o una forma correcta de interpretarlo, y lo atribuía a Wynton Marsalis y el movimiento de los Young Lions, que promovían mantener vivas las formas tradicionales en la interpretación en contraparte a un desarrollo de varias fusiones y experimentos con el jazz (más adelante volverá este tema). Mehldau menciona que esta creencia tenía un lado no tan favorable, y era que pensaban que para tocar jazz, debían adherirse a esta forma correcta de hacerlo, cuando su ambiente musical era mucho más variado y no se limitaba únicamente al jazz, y menciona especialmente bandas de rock como Soundgarden, Sonic Youth, o Alice in Chains.

Hablar de la influencia de otro tipo de música (además del jazz) en el contexto de Brad Mehldau es muy importante cuando vemos que en su discografía algunos de los temas más conocidos son, precisamente, reinterpretaciones de temas de bandas de rock. Estas versiones habrían de convertirse en uno de sus sellos distintivos, y han sido interpretados en varios formatos. 

Esto que hizo Brad Mehldau, darle un lugar de importancia en su música a muchas más influencias que estaban en su contexto, es una forma de expresar una identidad personal a través del jazz. Nate Chinen habla de otros músicos que han hecho lo mismo, por ejemplo el pianista Jason Moran, que además de composiciones y standards, ha incluido en su discografía versiones de Brahms y de Afrika Bambaataa. 

Otra manera común entre músicos de jazz de poder explorar todas sus influencias e intereses, ha sido unirse a proyectos diversos, como por ejemplo lo ha hecho el saxofonista John Zorn, que ha participado en proyectos musicales de jazz, improvisación libre, música experimental, o música influenciada por tradiciones judías (por mencionar solo algunos de los estilos que ha explorado Zorn). Este último tipo de proyectos también son una gran manera de expresar una identidad desde un trasfondo cultural de uno o varios artistas, que en el caso particular de John Zorn y el proyecto Masada, es la tradición judía. Se menciona también al pianista Vijay Iyer, que entre diversos proyectos musicales y artísticos, se encuentra con la inquietud de cómo expresar sus raíces de la India.

Podemos también intuir que si estas exploraciones en pro de expresar una identidad suceden a nivel personal, también empezarán a suceder a nivel colectivo, consolidándose en un movimiento o una escena. La particular visión del mundo de Steve Coleman y su interés por desarrollar la capacidad de interpretar conceptos extramusicales se convertiría en M-Base, por ejemplo.

Hablando de lo colectivo, Chinen hace menciones constantes a las cada vez más frecuentes colaboraciones entre jazz y hip-hop. En este punto vuelvo a mencionar la defensa de la tradición por parte de los Young Lions en los años 80, mientras se desarrollaban diferentes tipos de fusiones en el jazz desde hace años, con discos como “Bitches Brew” de Miles Davis o “Rockit” de Herbie Hancock. En ese momento, parecía que el jazz tenía dos posibles cursos a futuro, un regreso a la tradición o una separación cada vez mayor de ella. Y, según Chinen, lo que empezaría a suceder especialmente con la relación con el hip-hop, es que lo que de ahí saldría tenía partes iguales de tradición como de algo totalmente nuevo.

Las relaciones con la tradición del jazz aparecen en muchos momentos de la vida y formación de muchos artistas de hip-hop y R&B. Las grabaciones tradicionales de jazz estuvieron presentes (junto con el funk) en el estudio juicioso de referencias musicales de D’Angelo y Questlove y fueron una gran inspiración y materia prima para los beats de J Dilla. Estos tres artistas fueron algunos de los creadores de un movimiento llamado The Soulquarians (que a su vez serían grandes exponentes de un estilo llamado neo-soul). También este homenaje está en la propia historia familiar del productor musical Flying Lotus (su tía abuela fue Alice Coltrane, pianista y arpista), por ejemplo. Es importante notar que Flying Lotus a su vez hace parte de un grupo de músicos que se caracteriza precisamente por transitar estas fusiones con un gran nivel de aceptación por parte de públicos tanto del jazz como del hip-hop, entre ellos: Robert Glasper, Kamasi Washington, Terrace Martin, o Thundercat.

Y bien, tampoco podemos dejar pasar el hecho de que en estos momentos, el jazz ya ha llegado a gran parte del mundo. Y esto permite procesos de expresión como los que ya hemos mencionado, pero para músicos de diferentes nacionalidades con diferentes contextos culturales en los que a su vez se desarrollarán innumerables identidades personales y musicales. En estas expresiones están claramente involucradas las músicas tradicionales de muchas regiones, además de todo tipo de influencias que llegan a nosotros gracias a que vivimos en un mundo cada vez más interconectado.      

Justamente esta es una de las varias conclusiones a la que llega Chinen, que hay una descentralización de la escena. Los músicos alrededor del mundo se han dado a la tarea de tomar e incorporar el jazz e incorporarse a su vez a él en sus propios términos, sin perder esa conexión con las raíces y la tradición. Esta multiplicidad en las formas de hacer jazz se ve en relaciones tan orgánicas como las ya mencionadas: con el hip-hop, el R&B, o diferentes músicas del mundo. 

Además, haciendo referencia a estas visiones tan personales que se derivan en miles de maneras de ser un artista de jazz en la actualidad, se señala que más que las herramientas técnicas y el lenguaje musical, la materia prima del jazz ha empezado a ser las propias ideas, conceptos, y preguntas. Preguntarse por qué quiero hacer esto, cómo puedo hacerlo, qué quiero expresar, y cómo estaría aportando con ello, abre las puertas a la creatividad y potencia nuestra búsqueda de herramientas expresivas dentro del jazz.

No podemos saber en este momento los caminos que seguirá el jazz en este siglo. Los cambios que enfrente el mundo también son inciertos, así como las maneras en las que puedan afectar la creación artística en un futuro. Sin embargo, podemos recordar a Simon Frith y su reconocimiento de la identidad y su expresión cultural como un proceso continuo, y confiar en que su evolución nos lleve a nuevos espacios de creación personal y colectiva.   

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