Los colores del vaporwave

El vaporwave es un fenómeno que no solo se escucha, se ve a través de collage, neón y nostalgia.

Kitsch, nostálgico e irónico. El Vaporwave hasta ahora completa su primera década y ya está establecido como fenómeno virtual de impacto profundo dentro de la cultura global. Es catalogado como género pionero por sus características, se forjó y extendió completamente a través de comunidades virtuales. Pronto dejó de ser una propuesta sonora y detonó como declaración cultural, alternativa y visual, conocida como A E S T H E T I C S.

El componente visual del vaporwave apareció pronto. El neón ochentero, texturas que falsean una baja calidad de las imágenes, recortes de collage y una sensación de nostalgia fueron las características incrustadas en el género. Poco a poco, el underground fue filtrándose a la cultura popular de los años 2010 hasta convertirse en una resurrección nostálgica, ya no de los años del swing, sino de la época de bonanza económica de Estados Unidos y de Japón.

A E S T H E T I C S es la traducción visual de un desarrollo conceptual sonoro. Mientras unos ideales se materializaban en sonidos crujientes de un pop japonés distante, las metáforas comenzaban a tomar forma en las portadas de los sencillos, en las ilustraciones de los álbumes y en la batería gráfica. El componente visual fue un apoyo casi mercadotécnico en sus inicios, con imágenes llamativas, de contrastes y colores vibrantes y elementos que remitían directamente a un pasado que la generación Y a penas pudo saborear en su infancia. Sin embargo, aquellos collages digitales tenían tanta fuerza como las remezclas de samples y adquirieron la relevancia de un movimiento visual con cierta independencia, sujeto a una base ideológica por el cordón umbilical.

Vaporwave y A E S T H E T I C S son creaciones orgánicas, colectivas, producto de un sistema de intercambios culturales en línea. Su consolidación como fenómeno global pronto llevó a una explosión de propuestas heterogéneas, y entre la diferencia, a debates acalorados tratando de definir sus valores artísticos y estéticos. Incluso, y con la vista puesta en el punk, se llegó a declarar la muerte del vaporwave sin que este hubiese cumplido un lustro.

Sin embargo, es imposible detener una ola con palabras. El impulso con el que venía el nuevo género combinado con una nostalgia creciente ayudó a que el nuevo género impregnara una gran parte de la cultura popular. La madurez de la era del meme colocó al vaporwave rápidamente en circulación en diferentes escenarios virtuales y no pasó demasiado tiempo para que el mismo mercado se apropiara de sus formas estilísticas.

Como con toda nueva tendencia artística de base conceptual exitosa y multidisciplinar, más se demoraron los críticos y defensores en establecer definiciones del género que el capital en apropiarse de su lenguaje. Lo que surgió inicialmente con un ánimo crítico frente a las actitudes yuppies y capitalistas de las potencias de los ochenta, pronto pasó a ser el gancho visual que empresas de mercantilización de la cultura juvenil como MTV o Nike usaron para definir su imagen en la década de 2010.

Dicho escenario no es pionero ni reciente. La corriente figurativa estadounidense de postguerra tomaba imágenes de los productos cotidianos y provocaba una relectura de sus valores a partir de disponerlos en escenarios validadores de la cultura. El pop art no demoró en ser tomado como ventaja por la publicidad. Las representaciones burlescas de los íconos de masas alimentaban al capital.

La paradoja se repite con el vaporwave, aunque este preserve su espíritu contracultural. Mas no es posible achacarle su éxito exclusivamente a foros y redes sociales. El marketing de contenidos de grandes marcas inspirado en las A E S T H E T I C S contribuyó a su difusión en el público general, que sin saber lo que consumía, igual lo disfrutaba.

El debate entre la construcción underground y consumo masivo partiendo del ánimo crítico hacia el capitalismo del vaporwave me hace pensar en varias formas de la ironía. Sin duda, el género ha adquirido un tinte humorístico con el tiempo. Sus manifestaciones son accesibles, incluso en términos de producción, por lo que cualquier persona con las herramientas puede proponer sonidos e imágenes, incluso sin haber querido abarcar las reflexiones fundadoras, incluso a modo de burla. Aquí es posible distinguir la apropiación de las A E S T H E T I C S de quienes las instrumentalizan con un objetivo espectacular y monetario, de quienes las experimentan como información cultural viral, de quienes han reflexionado en sus entrañas y rechazan su diversidad que se aleja de lo alternativo, y de quienes, sin convertirse en gurús del género, proponen nuevas visiones a través de la experimentación técnica, estética y conceptual.

Es en este último grupo que a partir del 2013 ha comenzado la gesta de diferentes subgéneros musicales nuevos que son reflejados también en la imagen. El futurefunk como una encarnación de Daft Punk más otaku, el mallsoft de centros comerciales e infomerciales en vhs o el vaportrap de Blank Banshee, uno de mis favoritos.

A E S T H E I C S retoma elementos de otros movimientos previos para consolidar su propia originalidad prestada. En ese sentido no hace otra cosa que lo que el resto del arte ha hecho desde siempre, mirar al pasado para proyectar las reflexiones del presente. En sus inicios se apoyó sobre una base de imágenes de las décadas de los años 80 y 90, sin descartar apropiaciones incluso anteriores a cristo como la integración de mármoles helenísticos. El vaporwave expresa nostalgia por una época que el ciudadano desprevenido de la cultura capitalista miraba al futuro con optimismo. Se adhiere a las corrientes retrofuturistas de 2010.

La técnica es inseparable del origen conceptual. De hecho, dentro de las manifestaciones culturales, el cómo retroalimenta el por qué. SI la nostalgia es un ingrediente principal, no hace falta más sino mirar las formas de hacer del pasado. Por eso el vaporwave tiene olor a plunderphonics, procedimiento nombrado en los 80 para referirse a la música elaborada a partir de fragmentos de otras músicas a partir de dispositivos de edición sonora. El vaporwave es un pariente extraño de la música concreta de Pier Schaeffer.

Al momento de ejercer una traducción del sonido a la imagen, en vez de sampling, aparece el collage. Y es sólo el inicio. Cada una de las técnicas aplicadas al sonido es posible evidenciarla en píxel. Los filtros, la síntesis de sonido, la modificación de valores de onda para aplicar una pátina auditiva resulta en el glitch, el modelado 3d primitivo, el grano de película, el neón y el alto contraste de las A E S T H E T I C S. Sin embargo, la plástica digital agrega sus referentes propios y declara su independencia a través del legado del Net Art o de la estética HTML.

El fenómeno kitsch, nostálgico e irónico se ha instalado como un fenómeno de masas, pero que no deja de alimentar su bastión alternativo. Como todo producto masivo, es a esta hora que las redes sociales están invadidas de imágenes irreflexivas abusando de los términos.  Sin embargo, esto no nos impide analizar críticamente ni mucho menos disfrutar de los falsos recuerdos de una época idealizada a través del vaporwave.

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