Azar, aleatoriedad y serendipia

¿Qué descubrimientos se esconden en la piel de caos de la creatividad?

Recientemente he sido interrogado sobre un tema particular que aparece con frecuencia en mi trabajo y que yo mismo no había notado. Dicha cuestión iluminó una tautología dentro del campo de la investigación en creación que adelanto, conmigo como rata de laboratorio. Quien me cuestionó, me reclamaba por una recurrencia de la aleatoriedad y el azar en mi discurso. Hablando un poco más, se le escapó la palabra serendipia y pude gritar eureka. El maestro me dio un empujón para entender la importancia de la aleatoriedad de los fenómenos emergentes, superficialmente desconectados, dentro de los procesos asociados a la creatividad, no sólo en el campo de la cultura, sino en todo terreno de descubrimiento activo.

Pero primero he tenido que aterrizar un poco los conceptos ante los que he abierto los ojos. La teoría matemática, la teoría del caos, la estadística, la geometría fractal y hasta la filosofía han investigado el caos. Soy claramente insuficiente para dar una definición precisa sobre los términos tratados por lo que hago una advertencia antes de aventarme al agua de manera indisciplinada.

La aleatoriedad es un campo de estudios dentro del que se insertan fenómenos cuya cualidad es el azar. Sus principales características son la incertidumbre, el desorden y la dificultad para conectar causas con consecuencias. Se escapan del espectro determinista, no hay forma de obtener una visión precisa sobre el futuro a partir de elementos aleatorios. La estadística y la probabilidad son las ramas del conocimiento que han erguido métodos de investigación de los fenómenos aleatorios para esclarecer patrones presentes en una realidad física caótica.

El caos entonces entra en el especto conceptual. En mis términos profanos, el caos es la perplejidad sentida en el estómago ante las relaciones infinitas tejidas por dos o más eventos aleatorios. Es decir, el caos es aquello que supera mis capacidades de conexiones lógicas. El caos es complejidad. Al peinar el caos es posible encontrar un sistema ordenado o un azar ontológico, por lo que el tráfico, el clima, el número Pi o los electrones del cesio pueden parecerme caóticos, pero su estudio detenido puede revelar patrones magníficos o más caos.

Vuelvo al título. La serendipia es fenómeno emergente en el proceso creativo. La vida y la creación con su apariencia caótica albergan patrones distinguibles bajo ciertas condiciones que las convierten en sistemas complejos. La creación en específico es un sistema dependiente de la transformación de la información y la vida es un flujo que suministra la materia prima; una entrada variable de pretextos, textos, paratextos y contextos de tipo conceptual o sensorial y que se nutre de experiencias y memorias. La información previa a la creación es una masa de azar.

El cuerpo almacena información caótica y a pesar de ello comenzamos a crear. Recurrimos a pequeñas dosis manejables de datos, sensaciones y conocimientos para ordenar un conjunto de materias. Crear es disponer de retazos aleatorios para devenir en orden. La resistencia a la entropía. Cuando existe una integración de fragmentos de la masa de información sucede la sensación de la serendipia, como el momento en el que fragua una parte clave de un conocimiento emergente. La información de entrada azarosa se transforma en serendipia tan pronto como la consciencia (fenómeno emergente) encuentra patrones y relaciones susceptibles de convertirse en conocimiento tangible.

Dicho conocimiento puede estar expresado en forma física, emocional, poética, conceptual o como una red de relaciones ordenadas. Muchas veces el azar mantiene su carácter alborotado, pero emerge un tejido que hace visible estructuras subyacentes.

En el campo de la creatividad, la serendipia funciona alimentando los procesos de agenciamiento.

Puede afirmarse que los procedimientos de un agente creativo están orientados a encontrar serendipias prontamente. A diferencia de la investigación científica, la investigación plástica se vale del azar y de una entrada de información más amplia que los entornos controlados de laboratorio. El objeto de la investigación científica se mantiene aislado de informaciones externas que puedan causar resultados aleatorios. El conocimiento científico procura expresarse a través de modelos de sistemas simples, muchas veces lineales y ordenados. Las estructuras lógicas, cuantificables y replicables empíricamente son las validadores de todo el sistema de investigación usado en la ciencia occidental.

Las serendipias científicas ocurren con la introducción de informaciones accidentales en los entornos controlados del estudio. Arquímedes no estaba precisamente comuna bata cuando descubrió la manera de comparar la densidad de los metales mediante inmersión.

En la investigación plástica todo es distinto. La serendipia es una búsqueda constante que se explota hasta el cansancio. La creación indaga en las profundas relaciones del caos corpóreo, en primera persona singular y plural. Finalmente, dentro de un cuerpo aislado todos los componentes influyen en los demás, y la estructura planetataria es un cuerpo articulado.

La vida, y por lo tanto la creación, no tienen orden establecido. Sin embargo, en retrospectiva uno mismo es capaz de encontrar patrones y secuencias ordenadas de los desarrollos temporales. A futuro, la única certeza a medias que tenemos es la muerte, y Epicuro incluso menciona que cuando esta llegue, nosotros ya no estaremos. Mas, persiste el sesgo que mantiene viva la esperanza y puede ser explicado como el conocimiento inconsciente de que en algún punto de la vida encontraremos una cadena de sucesos que justifiquen un bienestar futuro, en especial durante la juventud. Tal vez sea esa la razón por la que la vejez, cuando el cuerpo físico se agota, sea percibida como la edad del remordimiento. Poco a poco se vencen las expectativas, al tiempo que la experiencia revela el absurdo cometido en nuestros actos y la memoria se desvanece lejana.

Somos un conglomerado de partículas maleable. Nos componemos de secuencias ordenadas, pero el curso de la experiencia vital puede virar a cualquier dimensión sin previo aviso. Nuestra propia ductilidad nos predispone a leer la información de formas inesperadas, por lo que es la alineación de conexiones físicas, psíquicas y sociales las que determinarán el inesperado hallazgo de la serendipia. Una misma información captada en cualquier momento puede ser irrelevante. Para que se materialice la sensación de descubrimiento debe existir un tejido de situaciones que devengan en acontecimiento.

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