La experiencia y la obra

La creación de la obra y sus procesos es un eterno retorno a las memorias y la experiencia.

Te paras en un risco a contemplar uno de esos paisajes naturalmente afectados por el artificio, y distingues un río bajando de las montañas, una cantera de cal y otra de arenisca.

No te escandalices, es un paisaje mental donde el tiempo es arrasado por el escenario imaginario e inconmensurable. Puedes ver las eras geológicas removiendo los escombros y las fuerzas de la tierra elevando las cumbres rocosas a la vez que desmorona las cimas y los valles. La fuerza del agua socava cañones y túneles por los que discurre y termina escupiendo sus sedimentos allende el mar.

Ese río de Heráclito jamás será el mismo, segundo tras segundo, sujeto al cambio, es la vida misma. Tienes el poder de ver nacer al nunca sí mismo río a través de las eras.

El río eres tú, te constituye en un cambio perpetuo, ruge o permanece en silencio, pero siempre arrastra fragmentos de montaña. La arenosa memoria cuando se seca se escapa entre los dedos que la sostienen. La arena empujada por la corriente es testigo del paso del agua por la superficie de la tierra y es el sustento y hábitat de la vida al interior acuático.

El flujo nace en las alturas, en los páramos erguidos por el tiempo y recorre el lecho de ríos extintos en el intersticio de un sistema orográfico milenario. El efluvio rasga en sus inicios las conchas marinas que emergieron desde el sepulcro crustáceo de las fosas más profundas. Cada cadena montañosa enmarca el contexto del río de la misma forma en la que la cultura soporta el desarrollo vital.

Las sierras erosionadas por agua y viento se desmoronan en arena y grava mientras otros montes desechos por el tiempo se reconstruyen aglutinando sus escombros desde la base.

Es cuando desde el risco contemplas la acción artificiosa de la herramienta, de la técnica, que transforma el material geológico en elementos de construcción. Cemento y cal.

No eres inocente en este sistema. Como agente cultural, el risco es tu puesto de observación del panorama complejo del que obtendrás tu insumo más valioso para la creación. La experiencia, esa argamasa que posibilita la unión de elementos destinados a la edificación de un refugio o de un monumento.

El mortero contemporáneo se compone de grava o de arena de río o de peña, que otorga consistencia y solidez a la mezcla; cemento obtenido a partir de procesos de tierra y fuego, usado para aglutinar los ingredientes; y de agua, fluida y capaz de establecer los enlaces moleculares necesarios para integrar todo. De la misma forma, la experiencia está compuesta por el agua recogida del río vital, de las arenas de la memoria, sedimentos del fondo del cauce o del desprendimiento de los montes de la cultura, y del cemento extraído a través de la técnica, el artificio y el aprendizaje de las faldas montañosas.

Cuando la experiencia es un insumo de trabajo, es el resultado de reconocer aquel paisaje, de saborearlo con las manos y los pies, y en su contacto descubres que el panorama es el cuerpo.

La experimentación de la vida es un canal de doble vía que transita sobre el cuerpo individual manifiesto en su carne tangible; sobre el cuerpo individual sutil, de doble universo mental conceptual y sensible, pero cuyas fronteras son invisibles y difusas; sobre el cuerpo social y cultural, de carácter montañoso, donde nacen los ríos circulatorios; y sobre el cuerpo ecológico, la casa global en la que se asienta la diversidad cósmica.

La acción del agente cultural, la creación y la obra, atraviesa la experiencia. La experimentación de la vida implica arrojarse al río de Heráclito y sentir con los pies la arena de la memoria, contemplar el flujo del presente manifiesto en la apariencia, y, estar consciente del pasado y el futuro que anhelamos.

Es en ese diálogo con nuestros sueños y con las potencias y posibilidades del pasado y del presente circunstancial que podemos mezclar la argamasa de la experiencia para juntar los elementos de nuestras acciones.

La obra con sus tiempos es la materialización y consolidación de la experiencia, y es el campo de experticia del artista.

Báñate en el río, escala montañas, abre hoyos en el suelo y úntate de barro, colecciona vestigios de vidas prehistóricas y prepara tu argamasa en la inmensidad de los cuerpos que te arropan.

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